POLITICAMENTE INCORRECTO

POLITICAMENTE  INCORRECTO

                                    

 

      Se lee por esos mundos digitales que, el domingo pasado, Artur Más con sus decisiones unitarias en busca de un plebiscito favorable, acabó con el nacionalismo clásico imperante en la Cataluña desde Valentí Almirall. Podría decirse que, sin funeral alguno, aquellas Bases de Manresa de 1892, que significaron el nacimiento del catalanismo político, fueron enterradas, dejando huérfanos a miles de catalanes, en alguna medida, descendientes políticamente de aquella Lliga de Cambó o de la Unió Catalanista. Unas Bases que “son un proyecto autonomista, en absoluto independentista, de talante tradicional y corporativista Derecho civil, la oficialidad exclusiva del catalán, la reserva para los naturales de los cargos públicos incluidos los militares, la comarca como entidad administrativa básica, la soberanía interior exclusiva, unas cortes de elección corporativa, un tribunal superior en última instancia, la ampliación de los poderes municipales, el servicio militar voluntario, un cuerpo de orden público y moneda propios y una enseñanza sensible a la especificidad catalana”. Ahora, este martes después del lunes, solamente existe una alternativa; independentismo o unionismo. Con un agravante, ni uno ni otro forman un bloque compacto, ni tan siquiera en las formas o modos de obtener la independencia deseada ni en mantener la unión proclamada constitucionalmente, desde la soberanía nacional de todo el pueblo español.

        Sin perjuicio de lo anterior, siendo grave, el sentimiento de orfandad de los catalanes nacionalistas sin más, se contagia a los conservadores que, sin tantos años de historia, hemos visto nacer, crecer, sobrevivir y triunfar a otra opción política, la popular. Lo residual del P. P. en Cataluña, o en el País Vasco o en Navarra, debiera llamar no solamente a la atención de la cúpula, sino también a la reflexión en profundidad. Los tiempos de la lluvia fina, han acabado, y ahora, son los tiempos de los chorros de votantes que abandonan la esperanza y las ilusiones del partido de Mariano Rajoy. Obviamente es época de trabajar, pero también es tiempo de ser coherentes, dedicando esfuerzos a analizar la situación creada, explicarla a todos los afiliados y simpatizantes con absoluta claridad, y dar las razones por las cuales ni Rajoy, ni Soraya, ni Margallo, ni todos sus correligionarios de la cúspide son capaces de evitar el escenario y las escenas que sobre él se representan.

      Del abanico de votantes, es del todo evidente que la juventud, ni con la inoperante NN.GG., ni sin ella, pasa olímpicamente del discurso reiterativo de los dirigentes populares. El tramo generacional superior, los hijos de los antiguos militantes populares, se alejan de sus siglas y buscan en Ciudadanos su refugio político y electoral; la franja que no alcanza los sesenta es la única bolsa que le queda al socialismo con cierto grado de fidelidad, como lo es también el tramo superior a los sesenta y tanto años, votantes del P. Popular, aunque su rostro sea tan soso y su discurso tan amorfo como el de Rajoy o Bauzá. Tanto da. Y por ahí, dispersos miles de votantes que, extrañados, desean encontrar respuesta a sus inquietudes personales, sea trabajo, sea valores, sea coherencias, sea tradiciones. Y se sorprenden desagradablemente cuando Montoro sube el IRPF, o acuchilla con el IVA cultural su afición teatral, o cuando contempla que ha superado el afán recaudatorio de Zapatero  aumentando el porcentaje por incremento patrimonial de renta, o cuando recibe una notificación de embargo por una sanción desconocida de hace un año, por la denuncia incógnita de un radar por allá Ciudadela. O cuando sigue contemplando al mismo número de empresas públicas, servicios públicos, empleos públicos, con el nepotismo habitual en todos los partidos, incluido el de Ada Colau o la Carmena. Y sigue preguntándose si vale la pena seguir votando, aunque sea con la nariz tapada, los mismos nombres de siempre, de años y más años, mientras sus anteriores promesas y conductas se mantienen en la más absoluta pasividad; entiéndase, recurso contra el concepto matrimonio, contra la ley Aído, buscando excusas y subterfugios banales para dejar las cosas tan cual estaban, incluido un presumible pacto con los secuaces de ETA, explicado por su promotor, Zapatero, al entrante Ministro de Interior, durante más de dos horas. Se presupone que también debió aprovechar el ex presidente la ocasiòón para asegurar la posición inmejorable en la Séptima Avenida de las privilegiadas mentes de Pajín y Aído. Y ahí siguen, a contrario sensu que nuestras tropas en Irak, sacadas por el inflado Bono y el exultante Zapatero a las setenta y dos horas de haber tomado posesión de sus cargos.

            Y es que, detrás de actos y omisiones, lo que existe es una gran hipocresía política. Esta legislatura, este gobierno, con honrosas excepciones, podría calificarse como la del gran adulterio político. Ese conglomerado de votantes no asimila una conducta y acción de gobierno perfectamente previsible en el actual principal partido en la oposición, los socialistas. Incluso puede llegar a la convicción de que Rajoy, no ha sabido manejar un inmenso puñado de mayorías absolutas, por la carencia absoluta de coraje para desarrollar y cumplir con su programa político. Sí, la economía es importante, pero también lo es la comunicación, la firmeza de ideales, la coherencia ideológica, el mantenimiento de la ilusión colectiva; o sea, la política como actividad de dirección de la sociedad hacia una meta mayoritariamente asumida, el fortalecimiento de un proyecto común como nación. Y, de no ser así, de no intuirse, de no respirarse diferencias entre supuestas opciones dispares, la ilusión decae y la fidelidad de desvanece. O sea, si por un lado la juventud no encuentra alicientes, si nuestros hijos no ven respuestas, si los progresistas siguen fieles, ya solamente queda la esperanza de que, los mayores, sigamos vivos y, ciegos, sordos, mudos, cojamos las papeletas de las candidaturas populares para echarlas en la urna, al tiempo que recitemos de carrerilla los nombres que figuran en ellas, aprendidos de memoria con el trascurso del tiempo.

       Y mientras ello sucede, con el beneplácito de una cúpula silente, un hecho viene a refrendar todo lo dicho: En el Parlamento Balear, se ha presentado una proposición de ley para garantizar los derechos de LGTBI, cuyo contenido e intención no es sino la creación de neo derechos, vulneración de otros cual la libertad de expresión, o el adoctrinamiento del alumnado sobre la ideología de género, impuesta como teoría, próxima a una religión laica. Pues bien, en Madrid, la Presidenta Cifuentes anuncia su intención de multar con hasta 45.000 euros por opinar de forma crítica sobre los grupos de presión gay, homosexual en español. Y no para ahí la Sra. Presidenta, sus anteproyectos de ley van a proporcionar servicios de transexualidad a menores, imponer la ideología de género en los centros públicos y privados, hasta posibilita el suministro de inhibidores hormonales a los niños como paso previo al proceso transexualizador. Es la misma Sra. Cifuentes que alega contra la impartición de clases de religión en las escuelas, la misma que se presentó a las elecciones bajo el vuelo de la gaviota popular. Pensar que tan veloz pájaro llevaba una rosa en su pico no sería descabellado, dado que, al fin y a la postre, no hay diferencia en este punto entre el pájaro y la flor.  Conservadores y socialistas promulgan idénticas leyes. Y si se cree la Sra. Cifuentes que con ellas va a arañar votos a la progresía, mejor lo se haga mirar.

He  ahí un ejemplo de la causa de pérdida del fuelle por parte las huestes de Rajoy y sus grandes esperanzas autonómicas y municipales; la incoherencia y la trapacería electoral. Ambas, como los gritos y susurros de Más, están acabando con el centro derecha de este país. Esta legislatura que ya se extingue, bien podría calificarse como la del gran fracaso de un hombre, de un grupo de políticos que se han creído que sólo de pan vive el ciudadano.

         Quizás sea políticamente incorrecto ante la presión anti taurina imperante, pero, ni a los toreros se les concede la licencia de cinco avisos, al tercero, el toro a los corrales con la subsiguiente vergüenza. Pues, Rajoy, Aznar dixit,  ya lleva cinco, y, con Arriola, parece que no se ha enterado. Hitler, con el ejército rojo llamando a la puerta de su bunker, profetizaba con el éxito propio y el fracaso ajeno merced a armas secretas. En Rajoy, en Guemes, ni se ven ni se las esperan. Y no son solamente los “rojos” quienes llaman a su puerta.