«La fuerza política que reciben las llamadas izquierdas se debe a la táctica singular de los que no quieren ser izquierdistas, que primero las incuban y protegen desde los gobiernos y después se dedican a tenerles miedo y a regular por él su acción». Así escribía el diputado carlista, el mejor orador que pisó el estrado de las Cortes, junto con Emilio Castelar, el conocido como “el verbo de la Tradición”, que, hasta hace pocos días tuvo una plaza en la Villa y Corte, es decir, Juan Vázquez de Mella. Un personaje cuya postura sobre la guerra, la primera gran guerra, fue la salvaguarda para mantener a España en la neutralidad, obviando los deseos de francófilos y germanófilos. Y ello aparte de escribir obras que llenan más de treinta volúmenes, enfrentándose por alguno de sus contenidos con el mismísimo Cánovas del Castillo o Menéndez Pelayo. Tanta labor y tanto esfuerzo, mediante un "gesto" motivado en media docena de frases y lugares comunes y ensalzado por el "bobo solemne", Zapatero, se ha visto, aplastado y obviado, siguiendo las profeticas palabras del diputado carlista;” si la corriente de los hechos no cambia o se altera profundamente" uno supuestos “libertadores” serán los que protagonicen "gestos" tales como borrar del callejero lo ilustre y prestigioso.
Y si el supuesto motivo del cambio acordado por la abuelita progre queda evidente, el trasfondo lo es todavía más. Detrás del "gesto" está una intencionalidad perversa, rayana en el odio: afrentar a la religión y sus símbolos, afrentar a los ricos y sus representantes, afrentar a la burguesía caduca y arcaica. El anuncio de equiparar ese inaudito orgullo gay con las fiestas en honor de San Isidro, no es sino otra expresión, otro "gesto" de una política que odia aquello que no entiende, que no asume o con lo que no comulga. Y vendrán más, muchos más; ahí está el otro anuncio de instalar una granja o una huerta en las proximidades del Club Casa de Campo o de barrio de Salamanca. Obviamente, la abuelita Adams no puede decapitar al Duque de Alba al estilo Luis XVI, pero si puede encender una enemistad de clases, hasta el punto de abrir las puertas de otra Bastilla a la “gente” ciudadana.
El ejemplo se repite, puesto que, al fin y a la postre, no es sino una parte más de la estrategia de esa progresía izquierdista que nos hemos adjudicado en las urnas. Ahí está el Palacio de Marivent, dispuesto a recibir las visitas de “la gente”, para que contemple dónde y cómo viven los actuales Monarcas y sus familiares. Poco importa lo que representa para las islas, y para Mallorca en concreto, desde el punto de vista publicitario, la presencia de los Reyes. Tiempo atrás, muy atrás, un estudio aludía a que el gasto propagandistico que representaría suplir la presencia real superaría los quinientos millones de pesetas. Evidentemente, algo ha cambiado, ni el rey es el mismo Rey, ni la reina consorte es la misma Reina consorte. Aparte, Lady Di, ya murió y Corinna no era conocida.
Y para decapitación, la de Ada Colau y el rey emérito. Ahí está la retirada de un busto, sin sustitución por el pertinente, con reiteración y alevosía periodística. No le fue suficiente retirarlo, sino que precisó de la asistencia de fotógrafos y periodistas para inmortalizar el paso por la guillotina. decidido por la alcaldesa, del susodicho busto monárquico. Cuestión de estética o de ajuste histórico o no, lo cierto es que, el “gesto” implica no solamente el menosprecio a la Monarquía sino el ansia de incumplimiento de la ley, porque, seguro que Ada Colau, la considera injusta. Como decía Nixon, en el Watergate que casi le cuesta la cárcel, si la ley no es justa, no tiene porque cumplirse. ¿O fue Ada Colau quién lo dijo? Da igual, lo cierto es que la Ley de Símbolos en Cataluña no se cumple. Y la lacada Fiscal General, impertérrita.
La “gente”, ésta es la destinataria oficial de los gestos de esos izquierdistas libertadores. Una gente que puede entrar en el Ayuntamiento de Valencia, y pisar el balcón sobre la plaza del Ajuntament, sin traba alguna. Y el motivo es más que diáfano; que los valencianos ni dormían ni bebían ni comían ante esa carencia de acceso al ajuntament de su ciudad. Esa era la máxima aspiración valenciana. No que el puente de las flors estuviese limpio y precioso, no que el cauce del rio sea uno de los paseos más bonitos de España, al tiempo que una zona deportiva espléndida. Nada de todo ello es importante para los valencianos, solamente entrar en el ajuntament y pisar el balcón desde el cual se llama a todos a participar en las Fallas. Me pregunto qué clase de ofrenda habrá el año próximo, o qué Corpus. Y si el señor Alcalde acudirá o no a tales actos, plenos de religiosidad burguesa, aunque sea sin la dichosa vara.
Por seguir profetizando, si Ada no desea misas en honor de la patrona de Barcelona, si el alcalde de Santiago – me da pereza buscar su nombre – no va de abrazos al Santo, si la abuelita Adams ama a Zerolo y menosprecia al católico de Mella, evidentemente, lo próximo serán unas fiestas del Pilar repletas de actos laicos; alguno celebrados en el antes llamado Principe de Asturias. Poco importará que la Virgen haya dicho que no quiere ser francesa. Eso ya es agua pasada. Y, por descontado, sin feria taurina del Pilar, ya que el maltrato al animal debe ser desterrado de nuestras plazas, no por su sufrimiento, sino porque representa un símbolo de la nación española; se trata de la Fiesta Nacional, no debe olvidarse. En el fondo, a los anti taurinos les importa un comino lo del rabo de toro, ellos van mucho más arriba; a por la bandera.
Volviendo a Vázquez de Mella, no iba nada desencaminado cuando expresaba que la fuerza de las izquierdistas se sustenta en el miedo. Un miedo, ahora convertido en pusilanimidad – ahí está la abstención del PP madrileño y el silencio de sus barones -, en un guardar las formas, mientras los “gestos” siguen ahí, danzando delante de nosotros, sin que el supuesto amparo de la ley nos sirve de nada. Mientras los políticos luchen entre si para colocarse y nosotros, la gente, meros espectadores, lo consintamos, nuestro lamento es también hipócrita, aparte de inútil. Contemplaremos los “gestos”, liturgia de la izquierda radical, con el temor de que nos afecte a nuestros bolsillos, a nuestros ahorros, o a nuestras pensiones. A fin de cuentas que el Alcalde de Cádiz sustituya el retrato de Felipe VI por el de un alcalde anarquista de hace más de un siglo, en poco daña nuestros fondos. Otra cosa es que nos suban el IBI o la tasa por los Residuos Sólidos Urbanos. Esos sí serían “gestos” peligrosos.
Pero, no, no hay temor. Ellos, esos progres izquierdistas, anti sistema, anti desahucios, pro escraches, anti tauromaquia, anti religión, e incluso anti peluqueros, en el fondo han estructurado su estrategia, su protocolo, siguiendo pautas de hace ya más de dos mil años, alabadas incluso por el católico García Lorca: “…Pero es una gran equivocación suprimir el ceremonial. Es la gran cosa de España. Son las formas exquisitas, la hidalguía…”, y añadía “con Dios”. Ellos, los de ahora, los “kichis” y “carmenas”, lo sustituyen por “con Lenin”. Es la liturgia de los gestos para enmascar sus verdaderas y totalitarias aspiraciones. En un mundo que presume de pretender la igualdad, han empredido el camino del enfrentamiento para imponer un credo único: el suyo. Todo lo otro es politicamente incorrecto. Y socialmente eliminable.
Acabo, como respuesta, acudiendo al borrado Vázquez de Mella: “¿Qué tempestad puede amenazar a la Iglesia Católica que a la hora presente no haya sufrido ya?”. Habrá que confiar en que esa nueva tempestad no sea ni el miedo ni la indiferencia.
Julio 2015.