Curiosidades de la vida; Hodgson, entrenador de la derrotada Inglaterra ante Islandia, dimite; del Bosque, no: Cameron fracasado en el Brexit, dimite; ni Sanchez, perdedor de 5 diputados, ni Iglesias con un millón de votos menos, ni Rivera con ocho 8 escaños de baja, tampoco dimiten. En este país nuestro sufrir las consecuencias de las decisiones y votos de sus ciudadanos, parece ser que no afecta a ninguno de sus dirigentes. Ellos, desde el primer segundo de conocidos los resultados, no practican ese ejercidio tan sano intelectualmente como es un “examen de conciencia”, sino que, agarrados a “victorias” prefabricadas entre bambalinas, se convierten en tapones de corcho que flotan para perdurar en sus cargos.
Unos son más discretos, sin duda, pero otros son incapaces de flagelarse ni con un simple lazo de seda. Así, Rivera, el único político visible en Ciudadanos, repartidor de prebendas y de marchamos de pureza política, en seis meses ha logrado dos “éxitos”; colocar al “cerebro” Felisuco en Cantabria y perder 400.000 votos. A la hora de buscar culpables de tal resultado, no habla de la carencia de banquillo en sus filas, de falta de concreción programática, de ensañamiento con el líder de 7 millones de votantes, de los doscientos puntos de acuerdo con el socialismo, no, la culpa es de la Ley Electoral, que ha castigado a C,s, el 26-j, pero que no lo hizo en Diciembre pasado, según Rivera. Quizás, debiera tener presente que, los votantes que prestaron su voto a C,s, han recordado al filósofo griego Anaxágoras, que afirmaba: “Si me engañas una vez, tuya es la culpa; si me engañas dos, es mía”. O sea, miles de ex votantes, le han dicho a Rivera que no desean ser engañados. Así pues, la culpa no es de la ley electoral, sino de la aplicación del sentido común ante los hechos y conductas y vaivenes del todavía líder de C,s, que, a pesar de todo, todavía no ha dimitido.
Como tampoco lo han hecho los machos alfa de Unidos Podemos. Se suponía que unidos, Iglesias, esa luciérnaga sin brillo, y Garzón, esa lumbrera comunista, sumarían votos hasta alcanzar la cumbre del poder. Pues, ni han sumado, ni han ascendido, ni han tomado por asalto el cielo, sino que se han hundido en más de un millón, quedándose a la par en escaños, merced a la norma contra la cual despotrica Rivera. Y a la hora de buscar culpables de su fiasco, es decir, ni “sorpasso”, ni ascensión al palacio de la Moncloa, resulta que la culpa es de los mayores, de los pensionistas y de los que comen todos los días, amén de los habitantes de los núcleos rurales. Curiosa forma de entender el rechazo de un millón de votantes colocando bajo las espaldas de su edad y su derecho a las pensiones. Lo cual puede indicar, según el discurso de Iglesias y los suyos, que esos “recortes” no han hecho mucha mella entre ese mundillo de ciudadanos. Por descontado que, como buenos revolucionarios bolcheviques, ahora, visto el escaso calado de su imputación de culpabilidad, echan mano del manido “pucherazo” decimonónico, aprestándose a solicitar una auditoria del 26-J. Como si las Juntas Electorales ni sirviesen para nada. Mientras tanto, el politicólogo Echenique anda a la búsqueda no del arca perdida, sino de la causa del fracaso no encontrada. Por descontado, dado que la culpa fue de los viejos, tampoco dimite.
Llegados a este punto, nos hallamos con la sorpresa de una “victoria”, esta vez no histórica, pero sí “memorable”: El partido socialista no ha sido adelantado por los podemitas, sino que, simplemente, ha perdido cinco diputados, todas las provincias menos dos o tres, y está a más de cincuenta diputados del P.P. Es para recordar aquello de “victoria en victoria, hasta la derrota final”. Obviamente, haber conseguido el peor resultado de la historia electoral del socialismo no es obstáculo para que su Secretario General se mantenga en el machito y, tampoco, dimita. Y la razón de tal enquistamiento no es sino la conducta de Iglesias, que, meses atrás, no propicio un gobierno socialista. Ni borracho de vivo se atreve a aludir al castigo de sus siglas por sus pactos con los podemitas o con esas confluencias de Ahora Madrid o En comú, o Mareas, en absoluto. Tales componendas para impedir gobiernos populares no han hecho mella, según Cesar Luena y demás dirigentes, en el votante socialista que desea una gobernanza de centro izquierda, sin radicalismos al estilo abuela Carmena. Ni Sanchez, ni Luena, ni Hernando, se atreven a aceptar que también hay votantes socialistas que sí acuden al sentido común y saben que los experimentos, en política y en la vida, solamente se deben practicar con gaseosa.
Un detalle más; ni Soraya de la guillotina, según el mote de FJS, ni Arriola, se han inmutado ante su pequeño fracaso. Su objetivo, el adelantamiento aritmético de Iglesias sobre Sanchez, no se ha producido. El descabalgamiento del secretario socialista, era un objetivo más que anhelado para facilitar unos posteriores pactos con su sustituto. Sin embargo, la frenética marabunta mediática y televisiva a favor de los frickis, no ha sido suficiente, y, ambos, Soraya y Arriola, con Moragas en la sombra, no han alcanzado su objetivo. Quizás, por ello, la última lección de los resultados de este domingo sea el fiasco del periodismo muñidor, una tradición muy española de complicidad entre periodistas y conspiradores políticos. A la frustración de los chicos de la demoscopia, se ha unido el revés de esos “manipuladores” de la política que, creen conocer el sentir de todos los ciudadanos y con ello su disponibilidad a ser manejados. Evidentemente, ni la una ni el otro, dimitirán.
Faltaría más; para todos ellos, para todos los nombrados y sus adláteres, desde siempre la culpa fue del chachachá.