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Fue, el Príncipe Metternich, quién, refiriéndose a Italia, la calificó como una simple “expresión geográfica”; una Italia entonces dividida en varios Reinos o Ducados. Pues bien, España lleva camino de convertirse en esa “expresión geográfica” configurada por Principados, Países y Reinos. Estamos contemplando cómo, desde el nordeste, varios colectivos caminan hacia la constitución de un nuevo y disgregado Estado, con personalidad jurídica y política propia. Y su ejemplo parece que va tomando cuerpo en otros Reinos limítrofes. Ahí está Castellón, paridora de una plataforma por la autodeterminación del Reino valenciano. Galicia, con su Bloque o Marea, Valencia con su Compromis, compartido por el socialista presidente Xim Puig, que con los demás grupúsculos, solamente superados en el País Vasco o Navarra, configuran el conjunto de esa “expresión geográfica”, para vivir de espaldas a quinientos años de historia en común.
Quizás la expresión más ridícula de tales entelequias sea el acontecer en Aragón. Para cualesquiera nacionalistas de pro es imprescindible no solamente definir un territorio propio, sino también un idioma o lengua indígena. Lo de manipular a conveniencia la historia es condición sine qua non, por descontado. Así, no semejando que el catalán como lengua oficial de Aragón sea una ansia generalizado entre el pueblo baturro, una mente privilegiada se ha sacado de la manga una forma de hablar propia de la Edad Media, utilizada, en forma dispersa y diferente, por no más de once mil pobladores del norte aragonés. O sea, que el interés del habla aragonesa, sea la oriental, sea la meridional, no parece ser abrumador por parte del pueblo aragonés. Como tampoco lo es con el Patués de Azanuy o el cuasi catalán de Benabarre. Pero, todo ello importa poco, o mejor, nada. El fin justifica cualquier medio, sea cual sea el trazado del camino dibujado a voluntad de los colectivos impulsores, plataforma, colectivos o grupúsculos. Único requisito en el cual convienen todos, sean los que sean; usar el término “democracia” en todas líneas de su discurso. Da la impresión que el uso de tal palabra legitima cualquier concepto, frase o proclama que la adorne. Incluso la arenga que contemple el incumplimiento o desacato de la ley imperante. Aquel “de la ley a la ley” de Torcuato Fernandez Miranda, no reina ni está vigente en la actualidad. Al contrario, su creada ley va a imponerse saltándose la ley imperante, despreciándola, sustituyéndola por el grito “salud y república”. Contemplar la bandera de España detrás de la titubeante presidenta Forcadell ha resultado hilarante mientras se proclamaba que se estaba pariendo la Republica Catalana, por parte del nerviosísimo Ronueva. Los aplausos de la izquierda de la Cámara catalana, la exhibición de banderas y silencios en la bancada de la derecha, desde la mirada de la inquieta Forcadell, ha sido un espectáculo lamentable. El Parlament catalán, auto erigido en soberano de todos los catalanes, merced a un pírrico resultado electoral, ha instaurado lo que ni el sedicioso Companys se atrevió a proclamar, el nacimiento de un Estado catalán desenganchado de la nación española. Companys, apocado pero con algo de sentido de común, solamente habló de una nación catalana pero siempre dentro de la Republica Federal Española. Mas ya no sabemos de qué habla, desnudo de ideología, mísero de vergüenza y del mínimo sentido de dignidad ante la cerrazón de la CUP del anti sistema Baños y de esa chica que se corta el pelo con un hacha. El President está convencido de que, si no tiene el amparo de la Generalitat, sus días están política y socialmente acabados. Todo el peso de la ley caerá sobre sus acciones y se pondrá a la vera judicial de su padrino, el clan Pujol.
Ahora, desde fechas venideras, cuando se sepa quién o quienes gobernarán esa incipiente República, a aquel desgraciado “café para todos” de Clavero Arévalo, tendremos que concretar quién lo paga, si la excelsa república catalana o la denostada monarquía española. Porque, hasta ahora, lo único que podemos tener presente es que JxS no tiene programa político de gobierno; que no se sabe quién formará gobierno; que tampoco se sabe a ciencia cierta quién lo presidirá; que la presidenta Forcadell no las tiene todas consigo ante la suspensión acordada que puede llevar a la repulsa penal por sedición; que la sombra de Companys es demasiado alargada, pudiendo alcanzar a todos los veintiún cargos que han gritado “abajo la Constitución”. Y mientras ello sucede, los farmacéuticos catalanes no tienen quien les escriba ni quién les pague. La cuestión radica en intuir qué consellers, qué diputados, qué altos cargos, qué funcionarios, en fin, serán capaces de acatar las órdenes de un conglomerado de iluminados separatistas o independentistas, que han sido capaces de lograr que la sociedad catalana esté absolutamente crispada y dividida, llegando ambas, crispación y división, hasta familias antes unidas y hoy de convivencia encrespada. Todo un éxito de _Artur Mas y los suyos; dividir Catalunya, dividir la sociedad catalana, y llevar a todos a una completa ruina económica, social, e incluso familiar. Lo dicho, un éxito.
Y el molt honorable en funciones todavía sonríe, mientras la checa, la esposa checa, sale del Parlament hecha un basilisco. Cosas de la vida. Seguramente no sabe que, otro político alemán, el Canciller de hierro von Bismark, ya dijo, muchos lustros atrás, que España era y es un gran país, los españoles llevan siglos intentando destruirlo, y no lo han conseguido. Lo que ya es más dudoso es que no estemos permitiendo que se convierta en una simple “expresión geográfica”.
Francisco Gilet.