Mala educación.
Cuando uno lee que nuestros máximos representantes no han acudido a un evento de tanta trascendencia para nuestro devenir turístico como la Copa del Rey de vela, no puede por menos que recordar que, en determinados momentos y específicas circunstancias, lo apropiado no es cambiar de pastores, sino apostarse a dejar de ser ovejas. Y es que, como decía Platón, si el pueblo no se implica seriamente en la política, no puede luego quejarse de tener gobernantes maleducados y sectarios, o sea, malos gobiernos. Y así, la dejadez de unos, la desidia de otros, el menosprecio de muchos, nos ha llevado a contemplar hechos como el de la Presidenta republicana del Parlament, que hace de la demagogia un acto de caridad, cuando a ella no la salva de caer en el ridiculo ni esa misma caridad. Resulta difícil entender que pueda ser aceptada una sugerencia o petición dirigida a un personaje que, representando la esencia de la Nación, haya visto como su imagen en retirada del despacho, como primera medida o decisión de un cargo público que viene a representar a todo el pueblo de estas islas. Y no olvidemos que es ese pueblo el verdadero dueño de la soberanía popular.
E igualmente cabría decir de los actuales gobernantes, ausentes por ser domingo, supongo, y renuentes a acompañar a quién ellos llaman ciudadano Felipe, con pleno tuteo. Ya no se trata de cumplir con el cargo, sino de simple educación, de simple compromiso personal con la representación institucional que ellos ostentan. Ante determinados hechos, ellos no son ni Francina, ni Xelo, ni Miquel, son los supremos representantes de unas instituciones de gobierno insular. Por ello, incumplen seriamente con sus obligaciones, amen de fijar un menosprecio hacia la más alta instancia del Estado.
Pero, claro, ellos no creen ni en la alta instancia ni en el Estado. Ellos sólo creen en ellos mismos y en sus ideales, y su comportamiento se ajusta a su exclusiva idiosincrasia política; el ego.
Carlos I, saliendo de las murallas de Paris le preguntó a un prisionero flamenco que cuanto faltaba para llegar a la frontera, y el prisionero le respondió; Doce días, pero serán doce días de batallas. Hasta la próximas elecciones quedan algunos días más que esos anunciados por el prisionero, mas no cabe ninguna duda que deberán ser días contados por batallas electorales. La cuestión radica en si, los otros, los no progresistas maleducados y altaneros, serán capaces de recorrer esos días levantando pendones en señal de conquista y reconocimiento por parte de la ciudadanía. Una ciudadanía que todavía considera que la buena educación es una virtud, junto con otros muchos valores.