LA LAICA INQUISICION

En los EE.UU. los nombramientos de altos cargos pasan por la criba de las correspondientes Comisiones que estiman o desestiman la idoneidad del candidato al cargo. Aquí, en nuestro sufrido país, nada de ello sucede. Tenemos maestrillos sin librillo, tenemos perro flautas con rastras, tenemos feministas exhibiendo sujetador, hasta por tener tenemos personajes que se permiten mofarse del Holocausto o reclamar bombas sobre la plaza de Las Ventas. Y no pasa nada. Según dicen, es que esos personajes son los mejores, los más idóneos. Sin embargo, de repente surge un nombre para un cargo de cierta relevancia y, acto seguido, el Torquemada de turno, levanta su dedo acusador, y señala al interfecto con un “es de la casta”, o sea, que el pulgar cae hacia abajo, al más puro estilo imperial, y al osado personaje inducido a candidato le cae el san Benito de no ser idóneo, ni estar capacitado, ni tener la formación e instrucción suficiente. A la hoguera, pues, el candidato y a buscar otro u otra que reúna la sacro laica condición de ser perro flauta, anti desahucios, anti taurino, anti católico, anti banqueros y, para acabar, anti sistema y escuela privada. Y si su padre o su madre, tuvieron la suerte de no nacer en época franquista muchísimo mejor. Ya que ese hecho, el nacimiento antes del 75, es una marca de pertenecer a la casta. O sea, que a la censura de la libertad de prensa en Madrid, habrá que añadir el examen in extremis del Santo Oficio Laico de los anticasta.